UN RETO DE 30 DÍAS

¿Hay una voz dentro de ti que lo mide todo y casi nunca te da por buena? ¿Que compara, corrige, lleva la cuenta de lo que fallas y te susurra que, hagas lo que hagas, no eres bastante?

Para la perfeccionista que mide su valor por lo que hace, y está agotada de no llegar nunca.

Rehíce una tarta que ya estaba bien tres veces en una mañana. Aquí te cuento por qué.

La saqué del horno y estaba bien. Dorada por igual, subida, el olor llenando la cocina como toca. La miré dos segundos y ya le estaba poniendo un notable: los bordes un pelín altos, el glaseado que iba a quedar irregular. Así que la aparté con las que no valen y encendí el horno otra vez. La tercera esa mañana. Para un cumpleaños de cuatro personas que se la habrían comido encantadas a la primera.

Mi marido asomó la cabeza y preguntó si de verdad hacía falta. No supe qué contestarle, porque para mí la pregunta no tenía sentido. Claro que hacía falta. Si algo se puede hacer mejor, no está hecho.

Yo funcionaba con una libreta y con una voz. La libreta era de espiral, y cada noche apuntaba lo del día siguiente. La voz iba por dentro, y era la que mandaba. Me ponía nota a cada cosa. La colada, un bien. La reunión del cole, un aprobado raspado porque me trabé al hablar. La llamada a mi madre, un suficiente. Sumaba y restaba todo el día, como quien lleva el marcador de un partido que nunca gana.

Los domingos iba a misa y oía aquello de que Dios me quería, y yo asentía mientras por dentro pensaba que a mí me querría cuando me lo mereciera. Rezaba como quien entrega un examen: a ver si esta vez apruebo. Le pedía ayuda para llegar, sin caer en que era una carrera que Él no me había puesto.

Tachaba las cosas de la libreta con una raya fuerte. Quince rayas algunos días. Y aun así, cada noche, mis ojos iban directos a la única línea sin tachar. Podía haber sacado el trabajo entero, la casa recogida, escuchado a una amiga que lo pasaba mal, y lo que veía era el correo sin contestar, la cita que no pedí. Las quince hechas no contaban. Contaba la que faltaba. Siempre había una que faltaba.

No dormía bien. Repasaba conversaciones buscando dónde había quedado torpe, me despertaba con la lista ya en marcha. Estaba cansada de una manera que el descanso no arreglaba, porque no era el cuerpo: era esa contabilidad de mí misma que no paraba nunca.

Fue mi hijo, el mediano, el que lo dijo. Sin maldad, comiéndose un yogur, con la naturalidad con que dicen los niños las cosas que llevan tiempo viendo. Y siguió con el yogur.

Mamá, tú nunca estás contenta.

Me quedé con el trapo en la mano. Porque no me estaba criticando. Me estaba describiendo. Le había enseñado a mi hijo, sin querer, que su madre era una mujer a la que nada le parecía bastante. Ni lo de los demás. Ni, sobre todo, lo suyo.

No cambié esa tarde; no sé hacer las cosas de golpe, ni siquiera dejar de exigirme. Pero empecé a fijarme en la voz que me ponía nota, a preguntarle de quién era, porque mía del todo no sonaba. Y empecé a leer despacio aquello de que Dios no me quería por lo que rendía. Que no era mi jefe. Que no llevaba mi marcador.

Aprendí, y sigo aprendiendo, a dejar la tarta a la primera. A tacharme el día entero, no la línea que falta. A rezar sin entregar un examen. Hay días que la voz vuelve con su boli rojo y me pilla sumando otra vez. La diferencia es que ahora la oigo y sé que no es la de Dios.

No te voy a prometer que en treinta días esa voz se calle para siempre. La mía todavía habla. Lo que ha cambiado es que ya no la creo a pies juntillas, y esa distancia pequeña es casi todo.

Dime una cosa, tú que has llegado hasta aquí: cuándo fue la última vez que algo tuyo te pareció suficiente, sin un pero detrás.

¿Te suena?

Revisas el mensaje cinco veces antes de enviarlo, no sea que algo suene mal.
Terminas el día tachando lo que hiciste bien y solo ves lo que quedó a medias.
Dices que sí a todo, para que nadie piense que no das la talla.
Cuando alguien te felicita, por dentro piensas: "si supiera lo que de verdad soy".
19 €Suficiente a sus ojos
EL CUADERNO

Un cuaderno para bajarte del examen que te pones a ti misma

Cuando entendí que la voz que me ponía nota no era la de Dios, quise dejar de dárselo por escrito a mi hijo. Volqué eso en treinta días cortos: no para esforzarme más ni mejor, sino para aprender a mirar el día entero y no solo la línea sin tachar. Es el mismo camino que hice yo, ordenado para que puedas hacerlo tú sin que te pida perfección también el cuaderno.

  • 30 días, uno cada vez, sin agobios.
  • Un paso realista al día y sitio para escribir a mano.
  • Escrito por alguien que lo ha vivido, no un manual frío.

19 €: menos de lo que te has gastado en repetir cosas que ya estaban bien.

✓ Garantía de 30 días — te devuelvo el importe, sin preguntas

Pago seguroDescarga inmediataCuaderno para rellenarGarantía de 30 días

Lo que te llevas

Todo lo que incluye tu cuaderno de 30 días

30 días, uno cada vez

Cada día trae un versículo en castellano de toda la vida, una lectura corta y honesta, una oración para hoy y unas preguntas con un hueco para escribir a mano. Diez o quince minutos, sin deberes que te dejen otra cosa sin tachar.

«Mi pacto de hija amada» para firmar

Una página que rellenas con tu letra y firmas, pensada para los días en que se te olvide todo esto y la voz vuelva con su boli rojo. La guardas y la relees.

El Día 20 y el Día 27, de frente

Dos días miran sin rodeos cuándo la inseguridad ha dejado de ser exigencia y se ha vuelto algo más hondo (una autoestima muy dañada, una depresión), y te dicen adónde acudir. Nada de tragárselo sola.

Gracia, no culpa

Aquí el perfeccionismo no se celebra como virtud: se trata como la cárcel que es. Y la salida no es apretar más, así que el cuaderno tampoco te va a poner nota.

Un PDF para imprimir y escribir a mano

Te llega en PDF, listo para imprimir o rellenar en pantalla. El hueco para escribir a mano está a propósito: sacar la voz de la cabeza y ponerla en papel es media faena.

Así es un día dentro del cuaderno

DÍA 7 · UN DÍA CUALQUIERA
  • Una lectura corta, de dos minutos, que no te sermonea.
  • Un solo paso para hoy. Pequeño a propósito: cabe en tu peor día.
  • Espacio para escribirlo a tu mano. Lo tuyo, con tus palabras.

Cómo funcionan los 30 días

Semana 1

Oír la voz que te mide y saber de quién no es

Semana 2

Eres amada antes de hacer nada: el cariño no se gana rindiendo

Semana 3

Desmontar las mentiras: «tengo que ser perfecta», «si fallo no valgo», «tengo que caer bien a todos»

Semana 4

Vivir como hija amada, no como empleada que ficha para que la quieran

Quién lo escribe

M

Por Marga Belmonte

Marga Belmonte da catequesis de confirmación un martes al mes y lleva veinte años haciendo la tarta de cumpleaños de sus tres hijos. La primera que le salió torcida y sirvió igual la enmarcó, medio en broma, en la cocina.

Nuestro trato contigo

  1. No te diremos que en 30 días estarás curada. No funciona así, y lo sabes.
  2. No hay testimonios inventados, ni cuentas atrás falsas, ni «solo quedan 3».
  3. Si abres el cuaderno y no te habla, te devuelvo el importe. Sin preguntas, durante 30 días.
Esto es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional. Si tú o alguien estáis en peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis) y, ante una emergencia, 911. Si hay maltrato, National Domestic Violence Hotline 1-800-799-7233. Y si el malestar se ha vuelto constante, habla con un psicólogo.

Preguntas frecuentes

¿Esto es terapia?
No. Es un cuaderno de acompañamiento, no un tratamiento. Si tu autoexigencia viene con mucha ansiedad o con una tristeza que no se va, este libro te lo dice de frente en su momento y te anima a buscar también ayuda profesional.
Soy de las que necesitan resultados, ¿esto me va a "arreglar" en 30 días?
No te promete una versión perfecta de ti en un mes, precisamente porque perseguir la perfección es lo que te tiene agotada. Te da 30 días con un paso pequeño cada vez, para que empieces a creerte suficiente antes de terminar la lista.
¿Necesito escribir mucho o se me va a hacer una obligación más?
Diez o quince minutos al día, con preguntas cortas y sitio para escribir a mano. Está pensado para quien ya tiene la agenda llena, no para añadirte una tarea más de la que sentirte culpable.
No sé si esto es fe o autoayuda, ¿de qué trata realmente?
Es un devocional de 30 días, con un versículo y una oración cada día, para la mujer que mide su valor por lo que hace y necesita oír, de una vez, que ya es amada antes de hacer nada.

Empieza hoy. Un día cada vez.

Para la perfeccionista que mide su valor por lo que hace, y está agotada de no llegar nunca.

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Este material es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional.

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