Bienestar

Tengo miedo de perder la cabeza y volverme loca: qué es esto de verdad

Estás en medio de algo normal, poniendo la lavadora con el cesto todavía a medio vaciar, conduciendo con la radio de fondo, hablando con tu madre por teléfono sobre lo de siempre, y de repente te viene el pensamiento como un mazazo: ¿y si me estoy volviendo loca? No es un pensamiento suave que se pueda apartar con la mano, sino uno que te agarra del cuello y aprieta. Y lo peor no es tenerlo una vez. Lo peor es que vuelve, a las tres de la tarde o a las tres de la madrugada, y cada vez que vuelve trae más miedo que la anterior, como si se alimentara de sí mismo.

De todo lo que cuento en este blog, este es el miedo del que menos se habla. Del corazón acelerado se habla algo, aunque sea en la sala de espera de urgencias, aunque sea susurrando entre amigas. Pero esto de temer perder la cabeza casi nadie lo dice en voz alta. Se queda dentro, dando vueltas mientras friegas los platos o intentas dormir, porque decirlo en voz alta parece confirmar que es verdad, parece que al pronunciarlo se hace más real. Yo tardé meses en contárselo a alguien. Y cuando lo hice, sentada en la cocina de una amiga con una taza de té que se me quedó fría entre las manos, lo primero que sentí no fue alivio, fue vergüenza. Como si al ponerlo en palabras se volviera más cierto de lo que ya era.

Por qué el miedo a la propia cabeza es parte del mismo paquete

Cuando el cuerpo lleva tiempo en alarma, no se conforma con acelerar el corazón o cerrar la garganta. También mete mano en cómo piensas, en qué te crees capaz de pensar sobre ti misma. La mente, cuando está en modo alerta permanente, empieza a buscar peligros por todas partes, y si no encuentra ninguno fuera —ni coches, ni exámenes, ni discusiones—, los busca dentro, en los propios pensamientos. Y ahí aparece el pensamiento más aterrador que puede aparecer, porque no habla de un peligro externo del que puedas huir, habla de ti misma dejando de ser tú, de perder aquello que más te sostiene.

Eso no es una señal de que la cabeza esté fallando de verdad. El sistema de alarma está tan encendido que ya no distingue bien qué merece miedo y qué no, y decide que hasta tus propios pensamientos son sospechosos, como un guardia de seguridad tan nervioso que empieza a desconfiar de la propia gente que trabaja en el edificio. Es agotador, y es real lo que sientes en el pecho cuando aparece, pero no es lo que temes que sea.

Hay una cosa curiosa en todo esto, algo que a mí me costó creer al principio: el miedo a volverse loca casi nunca lo tiene alguien que de verdad está atravesando algo así. Es un miedo que aparece precisamente en quien está muy pendiente de sí misma, muy alerta, muy consciente de cada cambio, de cada matiz raro en su propio estado de ánimo. Esa vigilancia extrema es agotadora, sin duda, pero también es la prueba de que sigues estando muy presente, muy tú, observándote con una lupa que a veces pesa demasiado.

La diferencia, dicha sin tecnicismos

No hace falta un manual para distinguir esto. La ansiedad te hace temer perder el control, te hace vivir con el freno de mano puesto por si acaso. Otra cosa, mucho menos frecuente, sería perder el contacto con lo que es real sin darte ni cuenta de que lo has perdido, sin ese miedo agudo avisándote a gritos de que algo va mal. El simple hecho de que te aterre y de que estés tan alerta a cada detalle ya te dice mucho: quien teme tanto perder pie sigue teniendo los pies muy puestos en el suelo, aunque no lo sienta así en el momento del susto.

El miedo a perder la cabeza no es la cabeza fallando: es el cuerpo, tan cansado de tener miedo, que empieza a desconfiar hasta de sus propios pensamientos.

Dicho esto, y aunque casi siempre esto que sientes tiene esta explicación tranquilizadora, hay un límite que hay que nombrar sin dramatismo y sin dar rodeos: si en algún momento sientes que puedes hacerte daño a ti misma o a alguien, o el miedo se vuelve tan grande que no puedes sostenerlo sola ni un minuto más, ese es el momento de pedir ayuda profesional o acudir a urgencias. No por fallar, sino porque para eso están, y porque a veces la carga necesita más de dos manos.

Un paso de hoy: sacarlo de la cabeza y ponerlo en el papel

Cuando el pensamiento da vueltas solo dentro de ti, en silencio, sin que nadie más lo sepa, crece. Le pasa lo mismo que a un rumor guardado bajo llave: cuanto más se queda callado dentro, más grande y más oscuro se vuelve, hasta ocupar más espacio del que en realidad tiene. Por eso el paso de hoy no es intentar convencerte de que no va a pasar, ni discutir mentalmente con el miedo como si fuera un abogado del diablo dentro de tu cabeza. Es coger un papel cualquiera, aunque sea el reverso de un ticket de la compra, y escribir, a mano, exactamente lo que has pensado. Sin corregirlo, sin suavizarlo, sin hacerlo bonito para que quede mejor.

Esto que lees es una idea de «Creía que me volvía loca» — el cuaderno de 30 días de esta serie: un paso pequeño cada mañana, para lo mismo que estás leyendo aquí. No hace falta comprarlo para seguir leyendo el blog.

Escribe la frase tal cual te vino: 'tengo miedo de estar perdiendo la cabeza'. Y ya está, no hace falta nada más elaborado hoy, ni un párrafo entero explicando por qué. Solo sacarlo fuera, dejarlo caer sobre el papel. Vas a notar algo raro y a la vez aliviador: en el papel, esa frase pesa menos que dando vueltas dentro de tu cabeza a las dos de la madrugada. Sigue estando ahí, negro sobre blanco, pero ya no te tiene agarrada del cuello de la misma manera.

  • Escribe el pensamiento exacto, sin adornarlo ni corregirlo.
  • No intentes responderte ni convencerte de nada todavía, solo nombrarlo.
  • Si vuelve a aparecer más tarde, puedes escribirlo de nuevo, cuantas veces haga falta.
  • Guarda el papel; no hace falta releerlo, el gesto de escribirlo ya hace parte del trabajo.

Con el tiempo, este gesto tan sencillo se convierte en una costumbre que baja el volumen general del miedo, no solo el de ese día concreto en que lo escribiste. Yo sigo haciéndolo cuando el pensamiento vuelve, con un cuaderno pequeño que guardo en el cajón de la mesita, y sigue funcionando igual de bien que la primera vez, aunque ya sepa de sobra, con años de distancia, que no me estoy volviendo loca.

Ponerle nombre es el principio de dejar de temerlo

No te voy a decir que este pensamiento no vuelva a aparecer nunca más, porque sería mentirte. A mí me ha vuelto, incluso después de entender todo esto, incluso después de meses de estar mejor, en algún momento tonto como esperando en un semáforo. La diferencia no es que desaparezca del todo, es que cuando vuelve ya lo reconoces al instante, y reconocerlo le quita gran parte de su poder, como cuando enciendes la luz y el bulto que dabas por un intruso resulta ser el abrigo colgado en la silla. Ya no es un monstruo sin nombre, es un viejo conocido: el miedo cansado de mi cuerpo, otra vez de visita, sin invitación pero ya no tan temible.

Si hoy te ha venido este pensamiento y por eso has llegado hasta aquí, buscando en el móvil a las tantas de la noche igual que hice yo, quiero que sepas una cosa antes de irte: no estás perdiendo la cabeza, aunque lo parezca. Estás muy cansada de tener miedo, y tu cuerpo lo está expresando de la forma más aterradora que conoce, la que más te puede doler porque te apunta directamente a ti. Eso tiene explicación, y no la tienes que entender toda de golpe esta misma noche. Solo el paso de hoy: escribirlo, y dejar que pese un poco menos mientras aprendes el resto.

Si esto te ha tocado, sigue por aquí

Por qué 30 días, un paso cada vez, funciona mejor que "superar la ansiedad ya"

Leer ahora →

o quizá: Cómo dejar de evitar sitios por miedo a que me dé un ataque de pánico · ¿Por qué me da miedo quedarme sola desde que tengo ansiedad?

Esto es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional. Si tú o alguien estáis en peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis) y, ante una emergencia, 911. Si hay maltrato, National Domestic Violence Hotline 1-800-799-7233. Y si el malestar se ha vuelto constante, habla con un psicólogo.

Empieza hoy. Un día cada vez.

No estás rota. Estás agotada de tener miedo. Y esto tiene nombre, y tiene salida.

Llévate la guía gratis de 1 página

Déjame tu email y te la envío ahora mismo. «El check-in de 10 minutos para volver a ti»

Te enviaré la guía y, de vez en cuando, algo que pueda ayudarte. Sin spam; date de baja cuando quieras.

17 €Garantía de 30 días — te devuelvo el importe, sin preguntas
Ver el cuaderno