Bienestar

Por qué llenar la agenda de golpe no funciona al jubilarte

En cuanto alguien nota que andas perdida los primeros meses de jubilación, llega el consejo, siempre con la mejor intención del mundo y casi siempre de alguien que te quiere bien: "apúntate a todo, así no piensas". Pilates, la asociación de vecinos, el club de lectura, las clases de pintura que siempre quisiste hacer y nunca hiciste por falta de tiempo. Una agenda tan llena que no te deje ni un hueco para sentir el vacío que asoma en cuanto paras. Y tú, que ya bastante tienes con el vacío encima, lo intentas. Lo intentas de verdad, con toda tu buena voluntad puesta en ello.

Yo también lo intenté, con las mismas ganas. Me apunté a cosas de golpe, tres o cuatro a la vez, como quien tapa un agujero echando tierra a paladas sin mirar bien dónde cae ni cuánta hace falta. Y a las pocas semanas estaba más cansada que antes de jubilarme, con la sensación añadida y bastante amarga de que ni siquiera sabía disfrutar de mi propio tiempo libre. Como si a la pérdida del trabajo se le sumara ahora el fracaso de no aprovechar bien la jubilación que tanto había esperado.

El mito y por qué convence tanto

Tiene todo el sentido que este consejo cale tan hondo: si el problema es tener demasiado tiempo vacío por delante, la solución lógica, la que parece de sentido común, es llenarlo hasta arriba. Cuanto más ocupada estés, menos espacio queda para pensar en lo que se fue, o eso parece sobre el papel. Sobre el papel, funciona a la perfección. En la vida real, casi nunca funciona así de limpio.

El motivo es sencillo, aunque cueste verlo desde dentro cuando estás metida en ello: una lista de actividades hecha desde el pánico no nace de lo que te ilusiona ahora, en este momento de tu vida, nace de lo que crees que "deberías" hacer, o de lo que hacía alguien que ya no eres, o de lo que le funciona a tu vecina y que tú imaginas que a ti también debería funcionarte. Apuntas cosas que sonaban bien en otra etapa completamente distinta, o que le gustan a otra persona, o que imaginas que le gustarían a una "jubilada feliz" de anuncio de seguros. Es una lista de otra época, puesta encima de una vida que ya no es esa ni de lejos.

Lo que provoca en realidad

El resultado casi nunca es paz, por mucho que esa fuera la promesa inicial. Es agotamiento puro y duro. Vas de una actividad a otra sin tiempo de asentar ninguna de verdad, y como ninguna te llena del todo a la primera, empieza a rondarte una idea muy dañina y muy silenciosa: "ni jubilada sé estar bien, seré yo el problema". Ese pensamiento pesa más que el vacío original, mucho más, porque además de sentirte perdida, ahora te sientes torpe por no disfrutar de algo que "debería" hacerte feliz sin esfuerzo.

Y aquí va una verdad pequeña, seca, pero que merece la pena repetirse: ninguna actividad tiene por qué ilusionarte a la primera. Ni siquiera a la segunda vez que la pruebas. La ilusión no aparece por decreto solo porque hayas rellenado un hueco del horario con algo que suena bien. Eso no es un fallo tuyo ni una prueba de que algo va mal contigo, es simplemente que la ilusión funciona más despacio de lo que a todos nos gustaría.

La alternativa: una cosa por semana

En vez de apuntarte a todo de golpe, prueba con una sola cosa nueva por semana. No diez de una vez. Una, nada más.

  • Elige algo pequeño y concreto, no un paquete de actividades enteras
  • Pruébalo sin exigirte que te encante desde el primer día
  • Deja pasar unos días antes de decidir si repites o lo dejas
  • Anota a mano, esa misma noche, una frase corta de cómo te sentó, sin forzar la conclusión
Esto que lees es una idea de «Me jubilé y dejé de saber quién soy» — el cuaderno de 30 días de esta serie: un paso pequeño cada mañana, para lo mismo que estás leyendo aquí. No hace falta comprarlo para seguir leyendo el blog.

Este ritmo tiene una ventaja que no tiene la agenda llena hasta reventar: te deja espacio real para notar qué te llama de verdad por dentro, en vez de ahogar esa pregunta bajo un calendario imposible de sostener. Puede que la primera cosa que pruebes no sea la tuya, y no pasa nada en absoluto. La semana siguiente pruebas otra distinta. Vas construyendo, un paso cada vez, con calma, en lugar de intentar resolverlo todo de un fin de semana de inscripciones apresuradas.

Y hay otra cosa que ninguna lista de actividades, por larga que sea, sustituye: pararte a escribir, aunque sean solo cuatro líneas a mano, qué echaste de menos ese día y qué despertó tu curiosidad, aunque fuera un momento pequeño y fugaz. Eso no llena la agenda de casillas marcadas, pero llena algo bastante más importante: te va devolviendo, poco a poco, pistas de quién eres ahora, no de quién tocaba ser antes de todo esto.

El objetivo real

El objetivo de estos días no es dejar de pensar, por mucho que esa sea la promesa que vende la agenda llena hasta los topes. El objetivo, el de verdad, es aprender a habitar este tiempo nuevo sin huir de él a base de ocupación constante. Se puede estar en el vacío un rato, incluso bastante rato, sin llenarlo todo de golpe por miedo, y desde ahí, muy despacio, sin prisa ninguna, empieza a asomar lo que sí te apetece de verdad, no lo que crees que te toca aparentar delante de los demás.

Si notas que esta tristeza no cede con el paso de las semanas, o que te desborda más de lo que puedes manejar por tu cuenta, busca el apoyo de un profesional sin dudarlo: no tienes por qué atravesar esto tú sola, ni tienes que demostrarle a nadie que puedes con todo.

Si esto te ha tocado, sigue por aquí

Por qué 30 días, un paso al día, funciona para el duelo de jubilarte

Leer ahora →

o quizá: Me levanto sin rumbo desde que me jubilé y el día se me hace eterno · ¿Por qué me siento tan perdido tras jubilarme si "lo tengo todo"?

Esto es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional. Si tú o alguien estáis en peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis) y, ante una emergencia, 911. Si hay maltrato, National Domestic Violence Hotline 1-800-799-7233. Y si el malestar se ha vuelto constante, habla con un psicólogo.

Empieza hoy. Un día cada vez.

No es el final. Es el capítulo que eliges tú.

Llévate la guía gratis de 1 página

Déjame tu email y te la envío ahora mismo. «El check-in de 10 minutos para volver a ti»

Te enviaré la guía y, de vez en cuando, algo que pueda ayudarte. Sin spam; date de baja cuando quieras.

17 €Garantía de 30 días — te devuelvo el importe, sin preguntas
Ver el cuaderno