Mente

Por qué 30 días, un paso cada vez, funciona mejor que "proponérselo"

Seguro que ya lo intentaste antes, más de una vez. Un domingo por la noche, con la casa recogida y la ropa de mañana ya preparada, con la libreta nueva sin estrenar o la lista de propósitos abierta en el móvil, te dijiste algo como «a partir de ahora no voy a dejar que todo me afecte tanto», con toda la convicción del mundo en ese momento. Y seguro que aguantó, como mucho, hasta el jueves siguiente, o ni eso.

¿Poca fuerza de voluntad, como pensaste entonces? No, ni mucho menos. Fue porque le pediste a tu cuerpo que dejara de hacer, de un día para otro y sin transición, lo único que sabe hacer desde hace años, quizás desde siempre.

Por qué la revolución de fin de semana no aguanta

Proponerse «ser menos sensible» de golpe es como proponerse tener menos vista o menos oído de un día para otro, por pura fuerza de voluntad. No es un mal hábito que se corta de raíz un lunes por la mañana con determinación. Es un sistema nervioso que lleva toda una vida entera captando matices, tonos, silencios cargados de significado, y que no va a dejar de hacerlo porque tú hayas decidido endurecerte durante un fin de semana con una libreta nueva.

Cuando el propósito es grande y de golpe, además, pasa algo especialmente cruel: en cuanto falla el primer día, ya se vive como un fracaso entero, completo, sin matices. Y tú, que ya venías cargando desde hace años con lo de «demasiado sensible», añades encima «y tampoco sé arreglarlo, ni con propósitos ni con nada». Eso pesa mucho más que no haberlo intentado siquiera.

Lo que sí sostiene un sistema nervioso cansado

Un paso pequeño al día no promete arreglarlo todo de golpe, y precisamente por eso mismo se puede cumplir de verdad. No es «voy a dejar de absorber el humor de los demás para siempre a partir de hoy», es «hoy, al entrar en esa reunión de las cuatro, voy a probar una frase que me proteja un poco, solo esa». Eso sí cabe en un día real, con el cansancio real que ya traes encima desde por la mañana.

Cada día pequeño que se cumple deja algo detrás, aunque parezca poca cosa: la prueba de que sí puedes hacer algo distinto, aunque sea diminuto, aunque nadie más lo note. Treinta días después, no tienes una transformación de las que salen en las películas con música de fondo, tienes treinta pruebas pequeñas y concretas de que fuiste capaz de intentar algo, un día detrás de otro. Eso pesa mucho más, con el tiempo, que una promesa grande que se rompió el jueves de la primera semana.

Escribir a mano, no como tarea extra

Cada día del cuaderno trae unas preguntas para escribir a mano, con boli, sin ordenador de por medio, y esto no es un adorno ni una obligación más que añadir a la lista de cosas pendientes del día. Es parte del filtro en sí mismo, quizás la parte más importante. Cuando lo que sientes se queda solo dentro de la cabeza, da vueltas y vueltas, se mezcla con lo de ayer y con lo de mañana sin orden ninguno, y crece sin que te des cuenta de cuánto ha crecido. En cuanto lo pasas al papel, aunque sean tres líneas torcidas escritas deprisa, ese ruido deja de dar vueltas dentro de tu cabeza y se queda quieto en la hoja, donde puedes mirarlo desde fuera.

No hace falta escribir bien ni escribir mucho, ni buscar la frase perfecta. Basta con sacar de dentro la frase que llevabas repitiéndote todo el día sin parar, ponerla en el papel tal cual sale, y notar que pesa un poco menos ahí fuera, en la hoja, que dentro de tu cabeza dando vueltas.

El mapa de filtros no se archiva

Uno de los ejercicios del cuaderno es hacer tu propio mapa de filtros: qué te sobrecarga concretamente a ti, qué te ayuda a bajar el volumen cuando ya está muy alto, qué necesitas cuando el día ya te superó del todo. La tentación, en cuanto lo terminas de rellenar, es guardarlo en un cajón como quien termina un curso y archiva el diploma. Pero ese mapa no es un diploma que se cuelga en la pared, es un documento vivo que hay que ir revisando.

  • Lo que te sobrecargaba hace un año puede no ser lo mismo que te sobrecarga ahora
  • Una época de mucho trabajo pide filtros distintos que una época tranquila y sin prisas
  • Lo que hoy te ayuda a recuperarte puede dejar de funcionar dentro de unos meses, y hay que buscar otra cosa
Esto que lees es una idea de «Cuando todo me afecta demasiado» — el cuaderno de 30 días de esta serie: un paso pequeño cada mañana, para lo mismo que estás leyendo aquí. No hace falta comprarlo para seguir leyendo el blog.

Por eso el cuaderno invita a volver a mirar el mapa de vez en cuando, no a archivarlo tras la última página. Sentir fuerte no es un problema que se resuelve una vez para siempre y se cierra el capítulo, es algo con lo que convives día a día, y lo que te sirve para convivir con ello va cambiando contigo, como cambia todo lo demás en la vida.

No es una promesa de cura en 30 días

Quiero ser clara en esto, sin dejar margen a la duda, porque no quiero venderte algo que no es verdad. Al final de los treinta días no vas a dejar de sentir fuerte, ni un poquito menos siquiera. No vas a volverte una persona a la que ya no le afecte un ruido, una discusión de fondo en un bar, el humor de alguien que entra en la habitación con la puerta a medio cerrar. Eso no va a pasar nunca, y cualquiera que te lo prometa te está diciendo algo que no se sostiene, por bonito que suene en la portada de un libro.

Lo que sí puede pasar, si escribes cada día en vez de solo leer pasivamente, es que aprendas el oficio de vivir siendo así, con este volumen que no baja. Que tengas ya probadas unas cuantas frases, unos cuantos gestos, unos cuantos filtros que sabes con certeza que a ti te funcionan, aunque a otra persona a tu lado no le sirvan absolutamente de nada. ¿Una cura? No, un oficio, y los oficios se aprenden practicando, fallando bastante por el camino, y volviendo a intentarlo al día siguiente sin dramatizar el fallo de ayer.

No se trata de dejar de sentir tanto. Se trata de dejar de estar siempre a la intemperie mientras sientes tanto.

Y por eso el método es un día cada vez, y no un fin de semana entero jugándotelo todo a una sola carta como hiciste antes. Porque tu sistema nervioso, el que lleva años enteros captando de más sin descanso, no necesita una orden grande el lunes por la mañana. Necesita treinta días pequeños, escritos a mano con calma, que le vayan enseñando poco a poco, sin prisa, que hay otra forma de estar en el mundo sin pagar tan caro cada vez por sentirlo todo así.

Si esto te ha tocado, sigue por aquí

Por qué "hacerte fuerte" no te hace menos sensible (y te agota más)

Leer ahora →

o quizá: Me llevo toda la vida oyendo que soy "demasiado sensible" · Por qué llego agotada de una reunión donde no hice nada

Esto es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional. Si tú o alguien estáis en peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis) y, ante una emergencia, 911. Si hay maltrato, National Domestic Violence Hotline 1-800-799-7233. Y si el malestar se ha vuelto constante, habla con un psicólogo.

Empieza hoy. Un día cada vez.

Para la que lo siente todo con el volumen muy alto y lleva años oyendo que es «una exagerada».

Llévate la guía gratis de 1 página

Déjame tu email y te la envío ahora mismo. «El volcado de 5 minutos»

Te enviaré la guía y, de vez en cuando, algo que pueda ayudarte. Sin spam; date de baja cuando quieras.

17 €Garantía de 30 días — te devuelvo el importe, sin preguntas
Ver el cuaderno