Cómo recuperar el contacto físico en pareja sin presión
Pasáis por la cocina, os cruzáis entre la nevera y la encimera, y los dos apartáis un poco el cuerpo para no rozaros, casi sin pensarlo, como quien esquiva un mueble que lleva ahí toda la vida. No hay enfado en ese gesto, ni intención de apartarse del otro. Es solo costumbre, la costumbre de dos personas que ya no se tocan sin querer, que han aprendido a moverse por la misma casa sin llegar nunca a chocar. Y si alguna vez alguien menciona la palabra "intimidad", en una revista, en una conversación con amigos, los dos pensáis lo mismo: sexo. Y los dos os ponéis un poco tensos, casi sin querer, porque ahora mismo eso suena a un examen que ninguno quiere presentarse, con nota y todo.
Quiero decirte algo antes de seguir, porque me lo hubiera querido decir a mí cuando estaba en ese mismo pasillo de cocina esquivando un cuerpo que en su día conocía de memoria: el objetivo no es volver a la cama. No hoy, no esta semana, puede que no en mucho tiempo, y no pasa nada por eso. El objetivo, el único, es recuperar el roce de andar por casa. Una mano en la espalda al pasar, sin más. Un hombro que se apoya un segundo en el otro hombro mientras se ve la tele y anuncian algo sin sentido. Nada que signifique un compromiso ni una promesa de nada. Solo cuerpo cerca de cuerpo, otra vez, como antes, cuando ni se pensaba.
Por qué empezar por lo hondo suele fallar
Cuando llevas meses sin tocar a tu pareja, es tentador pensar que hay que resolverlo de una vez: una noche especial, una cena fuera, una botella de vino, y ya está, se arregla de un tirón. Pero la distancia que se ha acumulado durante meses no se cierra en una noche por muy bien planeada que esté, y si lo intentas así, lo más probable es que uno de los dos sienta que el otro está actuando, cumpliendo un guion aprendido de una revista, y que el cuerpo, con toda su sabiduría torpe, se cierre justo en el peor momento, cuando más falta hacía que se abriera. Aquí no falta el deseo de estar juntos, falta la confianza que lo sostiene, y esa confianza no se decreta de un día para otro: se construye a rocecitos, uno detrás de otro, sin prisa.
Por eso el sexo, si llega, tiene que llegar el último, no el primero, ni el objetivo de la semana. Es la parte más honda, y lo hondo necesita que lo de fuera esté ya un poco caldeado, que el terreno esté preparado antes de plantar nada.
El primer gesto, el que no significa nada
El paso de hoy es minúsculo a propósito: elige un gesto que no tenga intención de más. Rozar el brazo al pasar por la cocina, sin frenar el paso ni mirar para comprobar el efecto. Poner la mano un segundo en su hombro cuando le dices algo, de pasada, como quien apoya la mano en cualquier superficie. Sentarte un poco más cerca en el sofá de lo que te has sentado estas últimas semanas, esos diez centímetros que marcan la diferencia entre "cada uno en su punta" y "juntos viendo lo mismo". No hace falta anunciarlo, ni explicarlo, ni preguntar "¿puedo?" antes de cada roce. Solo hazlo, como quien hace algo pequeño y cotidiano, porque eso es exactamente lo que es, o lo que tiene que volver a ser.
Y sostenlo unos días, no un solo gesto aislado que luego se pierde entre el ajetreo de la semana, sino algo que repites, aunque sea torpe, aunque sea raro las primeras veces, aunque notes que estás pensando el gesto antes de hacerlo, cosa que antes nunca pasaba. Vas a sentir que estás actuando, que hay algo artificial en ello. Es normal. El cuerpo tarda en creerse lo que hace antes de que lo haga sin pensar, igual que un músculo tarda en calentar antes de moverse solo.
No le pidas que signifique algo
Aquí viene la parte que más cuesta: no exigir que el gesto tenga respuesta inmediata, medida, a la altura de lo que has dado. Si rozas su brazo y no reacciona igual, si parece que ni lo nota, que sigue mirando el móvil como si nada, no lo conviertas en una prueba de si te quiere o no, en un termómetro de la relación entera. No lo es. Puede que esté cansado, puede que ni se haya dado cuenta porque tiene la cabeza en otra parte, puede que necesite más de un roce, más de diez, para bajar la guardia que también él o ella se ha puesto encima con el paso del tiempo.
Nada de medir si funciona. Solo volver a estar cerca, un poquito, cada día.
Interpretar de más cada gesto (o cada ausencia de gesto, que a veces pesa más que el gesto mismo) es la manera más rápida de volver a alejaros, porque convierte algo pequeño y libre en otra prueba que aprobar o suspender, en otro examen. Y ya tenéis suficiente con la logística de cada día, con la lista de la compra y la hipoteca, como para meter exámenes también en esto que debería ser lo contrario: lo que no se mide.
Lo hondo llega después, cuando ya no da miedo
Con el tiempo, si el roce cotidiano se sostiene día tras día, algo cambia sin que lo decidas conscientemente: deja de dar miedo. El cuerpo del otro deja de sentirse como un territorio ajeno, casi extranjero, y vuelve a sentirse como algo tuyo también, como algo conocido de memoria, como en los primeros años. Y es ahí, no antes, no forzado, cuando lo más hondo puede empezar a asomar, sin que nadie tenga que forzarlo ni programarlo en el calendario como quien agenda una reunión.
No sé cuánto va a tardar en vuestro caso, y nadie puede saberlo desde fuera. No hay un día marcado en el que "ya toca". Solo hay roces pequeños, sostenidos, sin presión, uno cada día, y un cuerpo que poco a poco deja de estar en guardia, que se va relajando sin que se note el cambio hasta que un día lo notas.
Si en algún momento sientes que lo que os separa no es solo distancia sino algo que os hace daño de verdad, algo que duele de otra manera, más honda, más antigua, eso ya no se resuelve con un gesto pequeño ni con ningún consejo de un cuaderno: ahí conviene pedir ayuda profesional, sin darle más vueltas ni esperar a que se arregle solo.
Hoy, si te apetece, elige tu gesto. Uno solo, el que puedas sostener sin que te resulte impostado del todo. Y si hoy no te sale, si la cocina de hoy no fue el momento, mañana sigue estando ahí, esperando a que lo intentes otra vez, sin reproche por el día de hoy.
Si esto te ha tocado, sigue por aquí

