Bienestar

¿Es normal sentir rabia hacia quien cuido, si lo quiero de verdad?

Sí. Es normal. Se puede querer a alguien con todo el cuerpo y, un minuto después, sentir una rabia que da hasta miedo reconocer, ahí de pie, mirando cómo se toma la medicación con esa lentitud que te desespera, o esperando otra vez a que termine de contar la misma historia de siempre, la que ya te sabes de memoria. No te hace mala persona ni mala cuidadora. Te hace alguien que lleva mucho tiempo dando sin parar, con las manos siempre ocupadas en otra cosa que no es la tuya.

Sé que la pregunta cuesta hacerla en voz alta, incluso escribirla en un buscador de madrugada, con la pantalla iluminando la habitación a oscuras, da un poco de vergüenza. Querer a alguien y sentir rabia hacia esa misma persona en el mismo rato parece una contradicción que no debería existir, algo que no encaja en ninguna frase bonita sobre el amor. Pero existe, y existe en casi todo el que cuida durante mucho tiempo, aunque casi nadie lo cuente en voz alta, ni siquiera a su mejor amiga.

La rabia no habla de cuánto quieres, habla de cuánto cansancio llevas

Aquí va la parte que de verdad importa entender: esa rabia no es un termómetro de tu cariño. No mide si quieres poco o mucho a la persona que cuidas. Mide otra cosa completamente distinta: cuánto llevas cargando, cuántas noches sin dormir del todo, cuántas veces has puesto tus propias cosas en pausa sin darte ni cuenta de que lo estabas haciendo, como quien deja una llamada sin devolver hasta que ya ni se acuerda de quién era.

El cuerpo y la cabeza no distinguen bien entre "esta persona me agota" y "esta situación me agota". Toda esa carga necesita salir por algún sitio, y a veces sale disfrazada de rabia hacia quien tienes más cerca, que suele ser precisamente la persona que cuidas, la que está ahí veinticuatro horas, la única disponible cuando el cansancio pide salida. No es justo, pero es humano, y entenderlo así ya quita un poco de peso, aunque no lo resuelva del todo.

Por qué se traga esa rabia y sale como un "estoy bien"

La mayoría de nosotras no dejamos que esa rabia se vea. La tragamos, la disfrazamos, la convertimos en un "estoy bien" automático en cuanto alguien pregunta, con la misma cara de siempre. Porque sentir rabia hacia quien cuidas parece, por dentro, casi una traición: si de verdad lo quisieras, no sentirías esto, piensas, y esa idea te persigue más que la propia rabia. Y como la idea da miedo, se esconde en vez de nombrarse, se guarda en el mismo cajón donde va todo lo que no sabes qué hacer con ello.

El problema de tragarla es que no desaparece por eso. Se queda dando vueltas dentro, y con el tiempo sale de otras formas menos limpias: un portazo que no venía a cuento por una tontería, un silencio cortante que dura toda una cena, un cuerpo que empieza a dolerte en sitios donde antes no dolía, como si la rabia hubiera encontrado otro idioma para hablar. Nombrar la rabia, aunque sea solo para ti misma, en un papel que nadie va a leer, es lo que evita que termine saliendo así.

Un lugar pequeño donde ponerla

No hace falta gestionar la rabia con una técnica complicada ni esperar a que desaparezca sola con el tiempo. Lo que ayuda es tener un sitio y un momento para soltarla que no sea delante de la persona que cuidas, porque delante de ella la rabia solo añade más culpa encima de la culpa que ya llevas acumulada de otras veces.

Puede ser tan sencillo como esto: coger un papel, a solas, con la puerta cerrada, y escribir sin ningún filtro todo lo que sientes en ese momento, aunque sea feo, aunque sea injusto, aunque nunca vayas a decirlo en voz alta ni enseñárselo a nadie. No es para que nadie lo lea. Es para que la rabia tenga un sitio donde caer que no seas tú por dentro ni la persona que cuidas por fuera. Otras veces basta con salir a la calle diez minutos, sentir el aire aunque haga frío, o llamar a alguien y decir sin adornos "hoy estoy que muerdo", sin necesidad de explicar el porqué entero, sin tener que justificar cada palabra.

  • La rabia no mide tu cariño, mide tu cansancio acumulado
  • Tragártela no la hace desaparecer, la guarda para más tarde
  • Un papel a solas, o diez minutos fuera, es un lugar donde dejarla sin que le haga daño a nadie
Esto que lees es una idea de «Cuidar sin culpa» — el cuaderno de 30 días de esta serie: un paso pequeño cada mañana, para lo mismo que estás leyendo aquí. No hace falta comprarlo para seguir leyendo el blog.

Lo que sí conviene mirar

Sentir rabia de vez en cuando, y encontrarle un sitio para soltarla, es parte de cuidar durante mucho tiempo a alguien. Pero hay una diferencia entre esa rabia que va y viene, que se disuelve con un papel o una vuelta a la manzana, y una rabia que se ha vuelto constante, que te acompaña todo el día como una presión detrás de los ojos, o que empieza a asustarte a ti misma por lo fuerte que es. Si notas que ya no consigues ponerle un límite dentro de tu cabeza, que se te va de las manos, o que te preocupa lo que podrías llegar a decir o hacer en un momento de esos, ese es el momento de contárselo a un profesional, no de seguir intentando manejarlo tú sola con un papel y diez minutos de calle.

Y si en algún momento la situación se vuelve de riesgo real, para ti o para la persona que cuidas, pide ayuda urgente sin esperar a nada más, sin darle otra vuelta antes.

Sentir rabia no te hace mala cuidadora. Ignorarla del todo, fingiendo que nunca aparece, es lo que a la larga te pasa factura.

Para hoy, si la rabia ha aparecido esta semana, prueba solo esto: la próxima vez que la sientas, en vez de tragarla con un "estoy bien", cógete un papel y escribe cinco minutos sin pensar cómo suena, sin pulir ni una frase. No hace falta guardarlo ni enseñárselo a nadie después. Es solo un sitio donde dejarla, para que no tenga que quedarse dentro de ti hasta la próxima vez.

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Esto es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional. Si tú o alguien estáis en peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis) y, ante una emergencia, 911. Si hay maltrato, National Domestic Violence Hotline 1-800-799-7233. Y si el malestar se ha vuelto constante, habla con un psicólogo.

Empieza hoy. Un día cada vez.

Cuidar bien también es cuidarte a ti.

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