Bienestar

¿Es normal dejar de tocarte con tu pareja sin haberos peleado?

Sí. Es normal, y es mucho más frecuente de lo que se cuenta en voz alta, mucho más de lo que parece cuando miras a tu alrededor y todas las parejas fingen ir de la mano por la calle como si nada. No ha hecho falta una pelea, ni un portazo, ni una traición que señalar con el dedo y de la que echar la culpa. Un día, doblando la ropa o mientras el otro dormía ya de espaldas, os disteis cuenta de que hacía tiempo que no os tocabais, y no sabíais ni cuándo había empezado esa distancia. Eso, por raro que parezca cuando lo dices en voz alta, es de las cosas más comunes que le pasan a una pareja que lleva tiempo junta, aunque nadie lo cuente en las comidas familiares.

El enfriamiento con ruido y el enfriamiento en silencio

Hay parejas que se alejan a gritos: discuten, se hacen daño con palabras que luego no se pueden retirar del todo, y luego, poco a poco, dejan también de tocarse porque el cuerpo no quiere acercarse a quien acaba de hacerle daño, es una defensa casi animal. Ese enfriamiento tiene un origen que se puede señalar con el dedo, una fecha, una frase concreta. Duele, y duele mucho, pero al menos se entiende de dónde viene, y eso, aunque parezca extraño decirlo, ya es un consuelo pequeño.

Y luego está el otro enfriamiento, el vuestro, el que no hace ruido, el que no deja marcas que se puedan señalar después. No hubo discusión que recordar, ni una noche mala que marcar en el calendario con un círculo rojo. Solo fueron días, y luego semanas, y luego meses quizá, en los que el cansancio, los niños, el trabajo, las facturas, fueron ocupando el espacio que antes era vuestro, el espacio de la cama, del sofá, del pasillo. Nadie decidió dejar de tocarse, nadie lo dijo en voz alta ni lo pensó siquiera. Simplemente dejasteis de encontraros el rato para hacerlo, y ese rato, sin que nadie lo cuidara ni lo protegiera de la rutina, se fue reduciendo hasta desaparecer casi del todo.

Por qué el silencio asusta más que la pelea

Este tipo de enfriamiento asusta de una manera particular: no hay nada a lo que agarrarse para explicarlo, ni ante los demás ni ante uno mismo. Si hubierais discutido, podrías decir "nos alejamos porque pasó esto, aquel día, por aquello que dijo". Pero como no pasó nada, absolutamente nada que se pueda contar, la mente busca explicaciones más grandes y más oscuras para llenar ese vacío: que ya no le quieres, que ya no te quiere, que esto se ha acabado sin que nadie se enterase ni lo hablara, como una casa que se derrumba por dentro mientras la fachada sigue en pie.

No es eso. O al menos, no tiene por qué serlo. Dejar de tocarse sin pelearse suele ser la consecuencia de una gotera, no de un portazo: gotas pequeñas de cansancio y de distracción que, sumadas durante meses, acaban vaciando un espacio que antes estaba lleno hasta rebosar. Y una gotera no significa que la relación esté rota, que ya no tenga arreglo. Significa que ha estado goteando sin que nadie la tapara, sin que nadie se diera cuenta a tiempo de que había que subirse a mirar el tejado.

No tocarse no es no quererse

Quiero ser clara en esto porque a mí me costó creerlo cuando más lo necesitaba, cuando más falta me hacía que alguien me lo dijera: dejar de tocaros no significa que os hayáis dejado de querer. Significa que os habéis dejado de encontrar. Son cosas distintas, muy distintas en realidad, aunque desde dentro, en las noches en que más duele, en las que te preguntas qué ha pasado con vuestra vida, parezcan exactamente la misma cosa, indistinguibles.

Os habéis dejado de encontrar, no de querer. Y lo que se dejó de encontrar, se puede volver a buscar.

El cariño, muchas veces, sigue estando ahí intacto, solo que enterrado bajo capas y capas de rutina, de cansancio acumulado, de días que se parecen todos entre sí, esperando a que alguien vuelva a remover un poco la tierra para encontrarlo debajo, como quien encuentra algo que creía perdido en el fondo de un cajón.

Esto que lees es una idea de «Dejamos de discutir, de tocarnos, de todo» — el cuaderno de 30 días de esta serie: un paso pequeño cada mañana, para lo mismo que estás leyendo aquí. No hace falta comprarlo para seguir leyendo el blog.

Si se apagó despacio, se reenciende despacio

Aquí está la parte que de verdad importa: si esto se enfrió poco a poco, sin un momento concreto que señalar, sin una fecha, entonces la vuelta tampoco tiene por qué llegar de golpe, en una sola noche milagrosa. No hace falta una noche especial ni una gran conversación a medianoche para arreglarlo todo de una vez. De hecho, esa charla grande y única suele ser justo lo que no funciona, porque llega cargada de expectativa y de miedo por ambas partes, y cualquier cosa que se diga esa noche pesa demasiado, más de lo que puede sostener una sola conversación.

Lo que sí funciona es más pequeño y más aburrido de contar, casi anticlimático: un roce sin intención al pasar por el pasillo, una frase verdadera antes de dormir en vez del "buenas noches" automático, un minuto de mirarse a los ojos mientras se habla de cualquier cosa sin importancia, del tiempo, de una serie. Ninguno de esos gestos arregla nada por sí solo, ninguno es suficiente en sí mismo. Pero sumados, día tras día, sin dejar de hacerlos aunque parezca que no sirven de nada, van rellenando otra vez el espacio que la gotera fue vaciando durante tanto tiempo.

Y si lo que hay entre vosotros no es solo distancia sino algo que os hace daño de verdad, algo más antiguo o más hondo, eso merece ayuda profesional, no un paso pequeño de un cuaderno ni un roce en el pasillo.

Por hoy, con saber que esto que os pasa tiene nombre y es más común de lo que pensabas, mucho más de lo que imaginabas mirando a las demás parejas, ya es suficiente. Mañana, si quieres, buscas el primer gesto. Hoy, solo respira y suéltate un poco esa culpa que no te correspondía llevar sola.

Si esto te ha tocado, sigue por aquí

Cómo dejar de hablar solo de logística con tu pareja

Leer ahora →

o quizá: Miro a otras parejas y me pregunto cuándo se apagó la nuestra · El día que me di cuenta frente a dos platos de comida

Esto es acompañamiento, no terapia, y no sustituye la ayuda de un profesional. Si tú o alguien estáis en peligro, pedid ayuda: en EE. UU., 988 (crisis) y, ante una emergencia, 911. Si hay maltrato, National Domestic Violence Hotline 1-800-799-7233. Y si el malestar se ha vuelto constante, habla con un psicólogo.

Empieza hoy. Un día cada vez.

El silencio también se puede romper. Y se puede romper con cariño.

Llévate la guía gratis de 1 página

Déjame tu email y te la envío ahora mismo. «El check-in de 10 minutos para volver a ti»

Te enviaré la guía y, de vez en cuando, algo que pueda ayudarte. Sin spam; date de baja cuando quieras.

29 €Garantía de 30 días — te devuelvo el importe, sin preguntas
Ver el cuaderno